Perros Julio 2026 5 min de lectura

Adiestrar con castigo empeora la conducta de tu perro

Estudio de Dogs Trust con 4.781 perros: pasar a métodos aversivos entre los 9 y 12 meses aumenta los problemas de conducta canina.

Adiestrar con castigo empeora la conducta de tu perro

Si alguna vez has tirado de la correa en seco para que tu perro deje de tirar, o le has regañado con un "no" cortante cuando ladraba, probablemente pensabas que estabas corrigiendo el problema. La ciencia dice lo contrario: puede que lo estés alimentando. Un estudio de Dogs Trust con 4.781 perros del Reino Unido, publicado en el Journal of Veterinary Behavior, ha seguido a cachorros desde las pocas semanas de vida hasta el año de edad para ver cómo el método de adiestramiento elegido por el dueño se relaciona con la aparición de problemas de conducta.

El hallazgo central es incómodo para quien recurre al castigo por comodidad o por falta de información: cuando los propietarios pasaban a usar más métodos aversivos entre los 9 y los 12 meses del cachorro, la probabilidad de que aparecieran problemas de comportamiento aumentaba.

El estudio: 'Generation Pup', el mayor seguimiento de cachorros del Reino Unido

La investigación forma parte de Generation Pup, un estudio longitudinal de Dogs Trust que recluta cachorros de raza pura y cruzados para analizar cómo factores genéticos y ambientales afectan a su salud y comportamiento a lo largo del tiempo. Los investigadores encuestaron a los propietarios en varios momentos: entre la 1ª y 3ª semana tras la adquisición, a las 12 y 16 semanas, y después a los 6, 9 y 12 meses de vida del perro.

En cada punto, preguntaron qué métodos de entrenamiento usaban —desde el refuerzo positivo con premios hasta técnicas aversivas como tirones de correa, gritos o castigos físicos— y si el perro mostraba comportamientos considerados problemáticos: ladridos excesivos, saltar sobre las personas, tirar de la correa, no acudir a la llamada, morder, miedo, destrozar objetos, ansiedad por separación o proteger recursos de forma agresiva.

Casi nadie usa un solo método, y eso también importa

Uno de los datos más reveladores es que la mayoría de los propietarios no se ciñe a un único enfoque. En todos los puntos temporales del estudio, lo habitual era mezclar técnicas basadas en recompensas con técnicas aversivas, aunque en proporciones distintas según cada familia. Los investigadores clasificaron a los dueños en una escala que iba de "solo recompensas" a "solo aversivo", pasando por combinaciones intermedias.

Esta mezcla no es un detalle menor: para el perro, un entorno de aprendizaje inconsistente —donde a veces se le premia por algo y otras se le castiga por lo mismo, según el humor o la paciencia del dueño en ese momento— genera más incertidumbre que un método aplicado con coherencia, sea cual sea.

El momento crítico: entre los 9 y los 12 meses

El dato que más debería hacer reflexionar a cualquier dueño es este: los perros cuyos propietarios aumentaron el uso de métodos aversivos entre los 9 y los 12 meses de edad tuvieron más probabilidades de mostrar problemas de conducta a esa misma edad. Es justo la etapa en la que muchos cachorros entran en la adolescencia canina, un periodo en el que los ladridos, los tirones o las desobediencias puntuales aumentan de forma natural y en el que la tentación de "apretar más" con el castigo también crece.

Según los autores, esto sugiere una posible espiral: el perro se vuelve más difícil de manejar en la adolescencia, el dueño responde con más dureza, y esa dureza —en lugar de resolver el problema— parece asociarse a que el comportamiento problemático persista o se intensifique.

Quién recurre más al castigo, según los datos

El estudio también perfila qué tipo de propietario es más propenso a combinar recompensas con aversivos. Los dueños de 55 años o más tenían el doble de probabilidades de usar este enfoque mixto que los menores de 55, y los hombres lo usaban con una probabilidad tres veces mayor que las mujeres. Los investigadores señalan que muchos de estos propietarios no habían asistido a clases de adiestramiento para cachorros, lo que sugiere que la falta de formación específica —más que la mala intención— explica buena parte del recurso al castigo.

Es una pista útil para las clínicas veterinarias y los centros de adiestramiento: si quieren reducir el uso de métodos aversivos, deben llegar activamente a estos perfiles, que hoy por hoy son los que menos acuden por iniciativa propia a formación en adiestramiento positivo.

Por qué el castigo falla donde el refuerzo funciona

Desde el punto de vista del aprendizaje animal, el refuerzo positivo enseña al perro qué debe hacer y se lo asocia con algo agradable, mientras que el castigo solo le dice qué no debe hacer, sin ofrecerle una alternativa clara. Un perro castigado por ladrar a otro perro en la calle puede simplemente aprender a asociar la presencia de otros perros con algo desagradable —el tirón, el grito—, lo que a menudo aumenta el miedo o la reactividad en lugar de reducirla.

Además, el castigo depende mucho del momento exacto de aplicación y de la lectura correcta de la situación por parte del humano, algo que en la práctica diaria falla con frecuencia. El refuerzo positivo, aunque exige más paciencia y constancia al principio, construye una relación de confianza que facilita el aprendizaje a medio plazo.

Qué puedes hacer si tu perro está en esa etapa difícil

Si tu perro tiene entre 8 y 14 meses y notas que se ha vuelto más testarudo, más ladrador o menos obediente, no es necesariamente que "se esté portando mal": es probable que esté atravesando su fase de adolescencia canina, biológicamente comparable a la de un adolescente humano. Este es precisamente el momento en el que, según el estudio, endurecer el trato tiende a salir mal.

Las alternativas que recomiendan los especialistas en comportamiento canino pasan por reforzar lo que sí quieres que haga tu perro con premios, juego o elogio, ser constante en las normas de casa entre todos los miembros de la familia, y buscar el apoyo de un adiestrador certificado en métodos de refuerzo positivo antes de que el problema se cronifique. Si el comportamiento incluye agresividad o miedo intenso, la consulta con un veterinario especializado en comportamiento (etólogo) es la vía más segura.

Comparativas que te ayudan a elegir

Fuentes

Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.

Preguntas frecuentes

¿Es malo regañar a mi perro cuando se porta mal?

Un "no" puntual y bien aplicado no es el problema. El estudio de Dogs Trust encontró un riesgo mayor cuando los dueños aumentan de forma sostenida el uso de métodos aversivos (tirones, gritos, castigos físicos) en la adolescencia del perro. La clave está en la frecuencia y la intensidad, no en un aviso ocasional.

¿Qué es la adolescencia canina y cuándo ocurre?

Es una fase del desarrollo, aproximadamente entre los 6 y los 14 meses según la raza y el tamaño, en la que el perro muestra más desobediencia, distracción y comportamientos que antes no tenía. Es una etapa normal, no un signo de mal carácter, y suele mejorar con constancia y paciencia.

¿El refuerzo positivo funciona con perros con problemas de conducta graves?

Es la base recomendada por los especialistas en comportamiento canino, aunque en casos de agresividad, miedo intenso o ansiedad severa conviene combinarlo con la supervisión de un etólogo veterinario, que puede identificar si hay un componente médico o emocional de fondo.

¿Por qué mezclar premios y castigo puede ser peor que usar solo uno de los dos?

Porque genera un aprendizaje inconsistente: el perro no puede predecir si una misma conducta será premiada o castigada, lo que aumenta la incertidumbre y el estrés. La coherencia en el método, y no solo el tipo de método, influye en los resultados.

¿Cómo elijo un adiestrador que use métodos adecuados?

Busca profesionales certificados que trabajen con refuerzo positivo y que puedan explicar con claridad su metodología. Desconfía de quien recurra sistemáticamente a collares de ahogo, eléctricos o castigos físicos como primera opción.

Redacción HuellaFeliz

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