Salud Agosto 2026 4 min de lectura

Platinosomosis felina: el parásito de las lagartijas

Un estudio costarricense (UCR, ESFA y UC Davis) mejora el diagnóstico de la platinosomosis felina, un parásito hepático ligado al cáncer biliar en gatos.

Platinosomosis felina: el parásito de las lagartijas

Si tu gato tiene acceso al exterior y de vez en cuando te trae a casa una lagartija cazada —o simplemente se la come sin que te enteres—, hay una enfermedad de la que probablemente nunca has oído hablar y que merece la pena conocer. Se llama platinosomosis felina, un parásito que se instala en el hígado y las vías biliares del gato, y un equipo de investigadores costarricenses acaba de publicar el primer análisis molecular de la enfermedad en el país, con hallazgos que ayudan a diagnosticarla mejor. El trabajo, liderado por Josué Campos-Camacho desde la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís (ESFA) junto con la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de California en Davis, se publicó el 30 de julio de 2026 en el Journal of Veterinary Diagnostic Investigation.

Qué es la platinosomosis y por qué se le llama "la enfermedad de la lagartija"

El responsable es un trematodo, un gusano plano llamado Platynosomum illiciens, que en su fase adulta vive alojado en el hígado, los conductos biliares y la vesícula del gato. Su ciclo de vida es de lo más peculiar: primero infecta a un caracol terrestre, que a su vez es comido por una lagartija, un sapo o un isópodo. El gato se contagia cuando caza y se come a ese hospedador intermedio ya infectado, algo bastante habitual en gatos con salida al exterior en zonas cálidas. De ahí el apodo popular de "enfermedad de la lagartija", aunque el nombre técnico y el que usan los veterinarios es platinosomosis.

Qué encontró el estudio costarricense

El equipo analizó seis gatos infectados combinando varias herramientas: evaluación clínica, análisis de heces, estudio de las lesiones y la morfología de los parásitos hallados, y —la parte más novedosa— PCR y secuenciación de ADN con análisis filogenético para confirmar con precisión molecular de qué parásito se trataba. Es la primera vez que se documenta y confirma genéticamente esta enfermedad en gatos en Costa Rica, algo que hasta ahora se sospechaba por los síntomas pero rara vez se comprobaba con esa exactitud.

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Del hígado inflamado a la infección silenciosa

Cinco de los seis gatos del estudio mostraron un deterioro clínico severo, con inflamación generalizada del hígado y de los conductos biliares —lo que en términos veterinarios se llama colangiohepatitis—. Pero aquí está lo llamativo: la infección también puede cursar sin ningún síntoma visible durante mucho tiempo. Cuando sí da la cara, suele hacerlo con signos poco específicos como aumento del tamaño del hígado, acumulación de líquido en el abdomen o color amarillento en piel y encías (ictericia), señales que fácilmente se confunden con otros problemas digestivos o hepáticos si el veterinario no piensa expresamente en este parásito.

La conexión con el cáncer de vías biliares

Uno de los motivos por los que detectar esta infección a tiempo importa de verdad es su vínculo, ya descrito en investigaciones previas, entre las infecciones crónicas por este trematodo y el desarrollo de colangiocarcinoma, un cáncer de los conductos biliares. No significa que todo gato con platinosomosis vaya a desarrollar cáncer, pero sí que una infección mantenida en el tiempo sin diagnosticar es un factor de riesgo que preferirías evitar. Además, en el grupo de gatos estudiado aparecieron infecciones concurrentes —leucemia felina, otros parásitos como Spirometra mansoni, Ancylostoma o Dirofilaria immitis—, lo que sugiere que estos animales suelen ser gatos con más exposición general a agentes infecciosos, típicamente callejeros o con vida muy libre en el exterior.

Por qué mejorar el diagnóstico es la parte importante

El diagnóstico de la platinosomosis nunca ha sido sencillo: los huevos del parásito no siempre aparecen en un análisis de heces convencional, y hay que recurrir a técnicas de sedimentación fecal más específicas para aumentar las probabilidades de encontrarlos. Al sumar PCR y secuenciación genética, el equipo costarricense aporta una vía de confirmación mucho más fiable que la simple sospecha clínica por síntomas inespecíficos. "Los resultados fortalecen el conocimiento sobre una enfermedad poco estudiada en América Central y aportan evidencia científica para mejorar su diagnóstico en la práctica veterinaria", resume Campos-Camacho.

Qué hacer si tu gato caza lagartijas o vive en libertad

Si tu gato tiene por costumbre cazar lagartijas, sapos o insectos en el jardín o la calle, no hace falta que entres en pánico, pero sí que estés atento. Vigila si empieza a comer menos, pierde peso sin motivo aparente, tiene vómitos recurrentes o le notas la barriga más hinchada de lo normal; cualquiera de esos signos merece una visita al veterinario, sobre todo si sabes que caza con frecuencia. Limitar el acceso a la caza —con supervisión en el exterior o convirtiéndolo en un gato de interior— reduce directamente el riesgo, igual que ocurre con otros parásitos que se transmiten por depredación.

Lo que el estudio no demuestra

Conviene poner esto en perspectiva: son solo seis gatos, todos de Costa Rica, un país tropical donde el ciclo del parásito —con caracoles y lagartijas como hospedadores— encuentra las condiciones ideales para completarse. En España, con un clima mayoritariamente templado, la enfermedad es mucho menos frecuente y se ha descrito sobre todo en zonas cálidas y húmedas; no es motivo de alarma generalizada para cualquier gato con salida al jardín. El estudio tampoco establece con qué frecuencia una infección crónica termina derivando en cáncer, solo confirma que el riesgo existe y que merece seguimiento. Como siempre, ante cualquier síntoma digestivo o hepático persistente en tu gato, la referencia es tu veterinario, no un diagnóstico por internet.

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Fuentes

Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la platinosomosis felina?

Es una infección por el trematodo Platynosomum illiciens, que se aloja en el hígado, los conductos biliares y la vesícula del gato. Se conoce popularmente como "enfermedad de la lagartija" porque el gato se contagia al cazar lagartijas, sapos u otros animales infectados.

¿Cómo se contagia un gato de platinosomosis?

El parásito pasa primero por un caracol terrestre y luego por una lagartija, sapo o isópodo. El gato se infecta al cazar y comerse a ese hospedador intermedio, algo frecuente en gatos con acceso al exterior en zonas cálidas y húmedas.

¿Qué síntomas puede mostrar un gato infectado?

Puede cursar sin síntomas durante mucho tiempo o manifestarse con hígado inflamado, acumulación de líquido en el abdomen, ictericia (color amarillento en piel y encías), pérdida de peso o vómitos recurrentes.

¿Es una enfermedad común en gatos de España?

No especialmente. Es más frecuente en climas tropicales y subtropicales, donde el ciclo del parásito con caracoles y lagartijas se completa con facilidad. En España se ha descrito sobre todo en zonas cálidas y húmedas, y no es motivo de alarma para cualquier gato con salida al jardín.

¿La platinosomosis tiene relación con el cáncer?

Investigaciones previas han asociado las infecciones crónicas por este parásito con el desarrollo de colangiocarcinoma, un cáncer de los conductos biliares, por lo que detectarla y tratarla a tiempo reduce ese riesgo.

Redacción HuellaFeliz

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