¿Perro o gato? Solo uno te hace más feliz, según un estudio
Un estudio con 10.400 personas (Universidad de Yamagata, Anthrozoös) halla que tener perro sube la felicidad un 41%; con gatos no se observó ese efecto.

Si tienes perro, seguro que alguna vez has pensado que esos paseos a las siete de la mañana —con lluvia, sin ganas, medio dormido— te sientan mejor de lo que esperabas. Un estudio de la Universidad de Yamagata (Japón), publicado en la revista Anthrozoös, pone cifras a esa sensación: entre 10.400 personas, quienes conviven con un perro tienen un 41% más de probabilidades de declararse felices que quienes no tienen mascota. Con los gatos, la ciencia no encontró ese mismo efecto.
Un estudio con más de 10.000 personas
El equipo analizó datos recogidos entre 2021 y 2022 dentro de la cohorte de Yamagata, en el noreste de Japón, con 10.418 adultos. De ellos, el 78,1% no tenía mascota y el 21,9% sí: 765 convivían solo con perros y 1.140 solo con gatos. Los investigadores cruzaron esos datos con una escala estándar de felicidad subjetiva, el tipo de pregunta que usan los estudios de bienestar para medir cómo de satisfecha se siente una persona con su vida en general.
Perro sí, gato no: la diferencia que sorprendió a los autores
El resultado principal fue claro: tener perro se asoció con un 41% más de probabilidades de sentirse feliz o muy feliz, comparado con no tener mascota. Tener gato, en cambio, no mostró una asociación estadísticamente significativa. El efecto del perro, además, era más fuerte en personas menores de 65 años y algo más marcado entre las mujeres del estudio.
¿Por qué no aparece lo mismo con los gatos? Los propios autores son cautos: no es que un gato no aporte nada a quien lo tiene, es que esa posible mejora no se refleja con la misma fuerza en este tipo de encuesta de felicidad general.
¿Qué tiene el perro que no tenga el gato?
Aquí entran en juego varias hipótesis, ninguna cerrada del todo. El perro obliga a salir de casa, a cumplir un horario, a cruzarte con otros vecinos que también pasean a su animal —ese intercambio de dos frases en la esquina cuenta más de lo que parece—. El gato, en cambio, suele vivir su vínculo con nosotros de una forma más independiente: no necesita que lo saques a las ocho, no te empuja a hablar con el del quinto.
Otros estudios previos, como el de la Universidad de Arizona sobre cómo hablamos a nuestras mascotas, ya habían apuntado que la calidad del vínculo diario varía mucho entre especies, aunque el cariño sea comparable.
¿Entonces tener gato no sirve para nada?
No es lo que dice el estudio, y conviene no leerlo así. Lo que muestra es que, con esta escala concreta y esta muestra concreta, el efecto del perro fue estadísticamente más visible que el del gato. Quien vive con un gato sabe que el vínculo existe —el ronroneo, el parpadeo lento, el gesto de dormir encima de tus papeles cuando trabajas— aunque se traduzca en bienestar de una manera que esta encuesta no estaba midiendo bien.
Qué puedes hacer con esto, tengas perro, gato o ninguno
Si tienes perro, el dato es un empujón más para no saltarte el paseo diario, aunque haga frío: parte del beneficio parece venir precisamente de esa rutina obligada y del contacto social que trae consigo. Si tienes gato, no hace falta que te preocupes por este estudio: busca el vínculo en lo que a él le funciona, en el juego corto y frecuente, en respetar sus tiempos. Y si no tienes mascota y te lo estás planteando, este tipo de datos pueden ser un argumento más, pero nunca el único: la decisión depende de tu casa, tu tiempo y lo que puedas ofrecerle al animal, no solo de lo que él te vaya a dar a ti.
Lo que este estudio no demuestra
Conviene leer estos datos con prudencia. Es un estudio observacional: muestra una asociación, no una causa. Es posible que las personas que ya tienden a ser más activas o más sociables sean también las que eligen tener perro, y no al revés. La muestra, además, procede de una zona rural de Japón entre 2021 y 2022, en plena pandemia, lo que puede no reflejar exactamente la vida con mascota en una ciudad española en 2026. Y la felicidad se midió con una pregunta general de autopercepción, no con un diagnóstico clínico de bienestar emocional.
Comparativas que te ayudan a elegir
Fuentes
- La psicología dice que las personas menores de 65 años que tienen perro son más felices que quienes viven con un gato — El Español, 2026
- Association Between Pet Ownership and Subjective Happiness in a Population-Based Study: The Yamagata Cohort Study — Anthrozoös, 2026
Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.
Preguntas frecuentes
¿Significa que los gatos no hacen felices a sus dueños?
No. El estudio no halló una asociación estadística significativa con esta escala concreta, pero eso no equivale a que el vínculo con un gato no aporte bienestar; es probable que se manifieste de una forma que esta encuesta en particular no llegó a captar.
¿Por qué el efecto es más fuerte en menores de 65 años?
Los autores no dan una causa única, pero plantean que en estas edades el paseo diario y el contacto social que genera un perro pueden pesar más en la vida cotidiana que en etapas donde la rutina ya está condicionada por otros factores de salud.
¿Debo adoptar un perro solo por este estudio?
No. Es una asociación observada en una población concreta, no una receta individual. Adoptar un animal depende de tu tiempo, tu espacio y tu capacidad real de cuidarlo, no solo del beneficio que esperas recibir a cambio.
¿Hay estudios que sí encuentren beneficios en vivir con un gato?
Sí. Otras investigaciones han relacionado vivir con un gato con un menor riesgo cardiovascular en ciertos grupos de edad. Cada estudio mide el bienestar con herramientas distintas, por eso los resultados no siempre coinciden entre sí.
¿Qué hago si mi mascota ya no parece hacerme feliz?
Si notas un cambio claro en cómo te relacionas con tu perro o tu gato, o si tú mismo atraviesas un bajón de ánimo sostenido, lo más honesto es hablarlo con un profesional de salud mental. Ningún artículo sustituye ese consejo.