Tu gato no distingue si ríes, lloras o gritas
Un estudio de la Universidad de Bari con 20 gatos revela que no diferencian risas, llantos ni gritos humanos, aunque sí se ponen en alerta.

Le hablas a tu gato como si entendiera cada palabra. Le cuentas que ha sido un día horrible, te ríes con él delante de la tele, incluso le gritas sin querer cuando te llevas un susto. Y él te mira, orejas hacia atrás, como calculando algo. Pues resulta que ese cálculo no tiene mucho que ver con lo que sientes: según un estudio de la Universidad de Bari (Italia) publicado el 6 de agosto de 2026 en Science Direct, los gatos no distinguen si una voz humana expresa risa, llanto o un grito. Simplemente se ponen alerta, sea cual sea la emoción detrás del sonido.
Cómo se hizo el estudio
La investigadora Serenella d'Ingeo y su equipo observaron a veinte gatos domésticos en su propio entorno, el sitio donde de verdad se comportan como son: su casa, su sofá, su rincón favorito. Nada de laboratorios fríos ni jaulas. A cada gato le reprodujeron grabaciones de risas, llantos y gritos humanos, y registraron con detalle la posición de las orejas, la dilatación de las pupilas, el movimiento de la cola y la postura corporal. También anotaron hacia qué lado giraban la cabeza al escuchar cada sonido, un dato que en otros animales revela qué hemisferio cerebral está procesando la información emocional.
El resultado que sorprende a los propios investigadores
Aquí viene lo interesante: los gatos reaccionaron prácticamente igual ante los tres tipos de voz. Ni más tensos con el grito, ni más relajados con la risa. Lo que sí mostraron fue un patrón de vigilancia moderada, muy reconocible si convives con un gato: orejas orientadas hacia los lados, pupilas algo más abiertas y esos movimientos involuntarios de la cola que delatan que algo ha captado su atención. Es la misma cara que pone cuando oye la bolsa de pienso... o la aspiradora.
¿Por qué no aparece la lateralización cerebral esperada?
En otros vertebrados, procesar sonidos con carga emocional suele activar más el hemisferio derecho del cerebro, algo que se refleja en hacia qué lado gira la cabeza el animal al escuchar. En este estudio, ese patrón no apareció con claridad en los gatos. Dicho de otro modo: su cerebro no parece etiquetar tu risa como "cosa buena" y tu grito como "cosa mala" del mismo modo que lo haría, por ejemplo, un perro. Reacciona más bien a la intensidad y a lo inesperado del sonido que al significado emocional que nosotros le damos.
Que no distinga la emoción no significa que le sea indiferente
Y aquí es donde conviene frenar antes de sacar conclusiones raras. El propio equipo de Bari aclara que estos resultados no significan que a tu gato le dé igual cómo te sientas. La hipótesis que manejan es otra: los gatos elevarían su nivel de alerta ante cualquier vocalización humana intensa como estrategia general para reaccionar rápido si la situación lo requiere, sin necesidad de descifrar antes si estás feliz, triste o enfadado. Es una respuesta de supervivencia, no de indiferencia emocional.
Lo que esto cambia (y lo que no) en tu día a día con él
Si tu gato se esconde cuando discutes en casa o cuando ves una película de terror con el volumen alto, probablemente no está juzgando si estás triste o pasándotelo bien: está respondiendo al volumen y a lo repentino del sonido. Esto no invalida el vínculo que tienes con él ni todo lo que sabemos sobre cómo perciben otras señales humanas, como el tono suave de la voz cuando le hablas directamente a él, algo que sí reconocen y prefieren según investigaciones anteriores. Lo que cambia es la idea de que un gato "nota" si estás triste solo por cómo suena tu voz al llorar. Para eso, se apoya más en otras pistas: tu lenguaje corporal, tus rutinas alteradas, el tiempo que pasas quieto en el sofá.
Lo que el estudio no demuestra
Conviene ser honestos con los límites de esta investigación: la muestra es de solo veinte gatos, y todos fueron grabados con sonidos reproducidos, no con las voces reales y variadas de sus propios dueños en situaciones cotidianas. Tampoco evalúa si el gato reconoce mejor las emociones cuando se combinan con gestos o contacto físico, algo que otros estudios sobre comunicación multimodal gato-humano sí apuntan como más relevante para ellos que la voz sola. Hacen falta más estudios, con muestras mayores y en condiciones más variadas, para confirmar si este patrón se mantiene.
Comparativas que te ayudan a elegir
Fuentes
- Estudio sobre percepción felina de vocalizaciones humanas emocionales — La Nación / Universidad de Bari (Science Direct), 2026-08-05
- Los gatos no entienden la risa, el llanto ni los gritos humanos, según un estudio — Andalucía Información, 2026-08-04
Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.
Preguntas frecuentes
¿Mi gato sabe si estoy triste o enfadado?
Según este estudio, no lo distingue solo por el tono de tu voz al reír, llorar o gritar: ante los tres reacciona con el mismo nivel de alerta. Sí puede notar otros cambios, como tu lenguaje corporal o que alteras tu rutina habitual.
¿Por qué mi gato se esconde cuando grito o discuto?
Probablemente responde al volumen y a lo repentino del sonido, no a que perciba enfado. Es una reacción de alerta general ante un estímulo intenso, no un juicio sobre tu estado de ánimo.
¿Entonces a los gatos les da igual cómo me sienta?
No es lo que dice el estudio. Los investigadores aclaran que la falta de distinción emocional en la voz no equivale a indiferencia: el gato puede percibir tu estado a través de otras señales, solo que no principalmente por el tono al hablar, reír o llorar.
¿Los gatos reconocen mejor otro tipo de voz?
Sí. Estudios previos muestran que los gatos distinguen cuando alguien les habla directamente a ellos (con un tono más agudo y pausado) frente a una conversación entre personas, y responden mejor a señales visuales combinadas con la voz que a la voz sola.
¿Debo evitar gritar o llorar delante de mi gato?
No hay evidencia de que le haga daño emocional por no entender la emoción, pero los sonidos intensos y repentinos sí pueden generarle estrés a corto plazo, igual que un portazo o un ruido fuerte cualquiera. Si notas que se esconde con frecuencia, dale un espacio tranquilo al que retirarse.