Perros y gatos no reducen tu estrés, según un estudio
Un estudio de la Open University (Frontiers in Psychology) desmonta el mito: tu mascota no amortigua el estrés, y con los gatos puede ser al revés.

Llegas a casa después de un día horrible, tu perro se te echa encima moviendo el rabo o tu gato se frota contra tus piernas, y algo en ti se relaja. O eso creías. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology por investigadores de la Open University acaba de poner en duda una de las creencias más repetidas sobre la vida con mascotas: que acariciar a tu perro o a tu gato te baja el estrés en el momento. Los datos, recogidos con más de 8.000 registros en tiempo real, dicen otra cosa. Y con los gatos, la sorpresa va todavía más lejos.
Qué dice el estudio
El equipo, liderado por la investigadora Mayke Janssens, reclutó a 188 dueños de perros y gatos y les pidió algo poco habitual: llevar encima una app durante cinco días que les lanzaba hasta diez notificaciones diarias, en momentos aleatorios, para preguntarles qué estaban haciendo, cómo se sentían y si tenían a su mascota cerca. Esta técnica se llama evaluación ecológica momentánea y sirve precisamente para esto: pillar a la gente en su vida real, no en un laboratorio donde todo el mundo se comporta distinto. El resultado fueron cerca de 8.000 informes que los investigadores cruzaron con los niveles de estrés y el estado de ánimo declarado en cada momento.
Qué encontró (y qué no)
La hipótesis que querían comprobar tiene nombre técnico: la "hipótesis de amortiguación del estrés", la idea de que la mascota actúa como un colchón que absorbe el golpe cuando algo va mal. Pues no. Según Janssens, interactuar con el animal en un momento de tensión no protegió a los dueños frente al malestar; ni acariciarlo, ni tenerlo cerca, cambió cómo de mal se sentían tras un contratiempo. Eso sí, la parte buena del vínculo sigue en pie: en el día a día, sin necesidad de que hubiera estrés de por medio, estar con el perro o el gato se asoció a más momentos de alegría y menos irritación. La mascota no te rescata del mal día, pero sí te regala buenos ratos, que no es poco.
El caso especial de los gatos
Aquí está el giro que ha hecho que el estudio se comente tanto: en los dueños de gatos que ya estaban estresados, interactuar con el animal no solo no ayudó, sino que pareció intensificar la sensación negativa. Los investigadores lo explican por el tipo de interacción felina, más pasiva y menos previsible que la de un perro: si tu gato no responde a tu abrazo como esperabas, o directamente se aparta, ese pequeño rechazo en un momento vulnerable puede pesar más de lo que parece. Con los perros el efecto perjudicial no apareció, aunque tampoco se confirmó que calmaran el estrés como tanta gente asume.
Qué significa para tu día a día con tu mascota
Si has llegado hasta aquí pensando "pues a mí sí me calma", no pasa nada, la percepción subjetiva de cada dueño no queda anulada por un estudio. Lo que cambia es el marco: tu perro o tu gato no son un tratamiento contra la ansiedad ni un sustituto de gestionar el estrés de otras formas. Son compañía, vínculo y buenos momentos, que ya es un beneficio real y medible según el propio estudio. Si esperas que tu mascota apague un mal día como si fuera un botón, quizá el problema no sea el animal, sino la expectativa.
Qué puedes hacer hoy
Disfruta del rato con tu mascota por lo que es, sin cargarlo de la responsabilidad de resolverte el día. Si notas que tu gato se aparta o se pone tenso cuando tú estás nervioso, respeta esa distancia en vez de insistir en el contacto; forzar la cercanía en ese momento puede generar justo el efecto contrario al que buscas. Y si el estrés es persistente, no puntual, ahí sí conviene apoyarse en otras herramientas —ejercicio, sueño, apoyo profesional— y dejar que la relación con tu mascota sea, sencillamente, una fuente de alegría cotidiana y no una terapia de urgencia.
Lo que el estudio no demuestra
Conviene ser honestos con los límites: 188 personas es una muestra modesta, los datos son autoinformados (cada dueño valoraba su propio estrés, sin medir cortisol ni frecuencia cardíaca) y el diseño es correlacional, no permite hablar de causas de forma estricta. Tampoco distingue entre razas, tipos de vínculo previo o dueños con mascotas de apoyo emocional certificadas, que podrían comportarse de forma distinta. Es un estudio serio y bien diseñado metodológicamente, pero un dato más dentro de una conversación que sigue abierta, no la última palabra sobre lo que tu mascota hace por ti.
Comparativas que te ayudan a elegir
Fuentes
- Un estudio revela que ni los gatos ni los perros reducen el estrés: así es como afectan nuestras mascotas a nuestras emociones — Infobae, 2026-06-16
- ¿Perros o gatos contra el estrés? Un estudio encuentra diferencias clave — The Objective, 2026-06-17
- ¿Perros o gatos contra el estrés? Un estudio encuentra diferencias clave — Qué.es, 2026-06-21
Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.
Preguntas frecuentes
¿Entonces tener un perro o un gato no ayuda con el estrés?
Según este estudio, no de la forma inmediata que solemos pensar: no amortigua el golpe de un mal momento. Pero sí aporta más emociones positivas y menos irritación en el día a día, que es un beneficio distinto y también real.
¿Por qué mi gato parece más nervioso cuando yo estoy estresado?
Los investigadores apuntan a que la interacción felina es más pasiva y menos predecible que la del perro, y que un contacto que no sale como esperabas en un momento vulnerable puede intensificar la sensación negativa en vez de calmarla.
¿Debería dejar de acariciar a mi mascota cuando estoy estresado?
No hace falta evitarlo, pero sí conviene no forzar el contacto si notas que tu gato se aparta. Respetar esa distancia suele ser mejor que insistir buscando un alivio que, según el estudio, no llega por esa vía.
¿Qué es la "hipótesis de amortiguación del estrés"?
Es la idea, muy extendida, de que la presencia o el contacto con una mascota actúa como un colchón que reduce el impacto de una situación estresante. Este estudio concreto no encontró apoyo para esa hipótesis.
¿Debo consultar a un especialista si mi mascota reacciona mal a mi estrés?
Si es algo puntual, probablemente no. Pero si observas cambios de comportamiento sostenidos en tu gato o tu perro, o tu propio estrés es persistente, conviene consultar al veterinario o a un etólogo en vez de esperar a que la convivencia lo resuelva sola.