Así le hablamos a perros y gatos, según un estudio
La Universidad de Arizona analiza 5.072 grabaciones reales: así hablamos a perros y gatos y qué relación tiene con nuestro propio bienestar.

¿Alguna vez te has sorprendido hablándole a tu perro con una vocecita aguda que jamás usarías con un adulto? ¿O explicándole a tu gato, con toda la calma del mundo, por qué hoy no toca lata de atún? No estás solo, ni mucho menos. Un equipo de la Universidad de Arizona acaba de publicar la primera herramienta capaz de medir con rigor cómo hablamos a nuestras mascotas en el día a día, y los datos, sacados de grabaciones reales y no de encuestas, dicen mucho más de nosotros de lo que parece a primera vista.
Un micrófono escondido en la vida real
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Psychiatry, no se basó en cuestionarios ni en laboratorio. Los investigadores usaron un dispositivo llamado EAR (Electronically Activated Recorder), una app que graba pequeños fragmentos de audio ambiental de forma aleatoria mientras la persona sigue con su vida normal, sin saber en qué momento exacto se activa el micrófono. Así analizaron 5.072 fragmentos de sonido procedentes de 240 personas, extraídos de cuatro estudios distintos ya archivados. De ahí salió un sistema al que han llamado AURAL-Pet, pensado específicamente para clasificar cómo hablamos a perros y gatos.
Casi uno de cada diez momentos en que hablamos, le hablamos a la mascota
El primer dato ya llama la atención: entre las personas que conviven con un perro o un gato, el 9,2% de todo lo que dicen en voz alta va dirigido al animal. Casi una décima parte de nuestra conversación diaria, si tienes mascota, se la llevan cuatro patas que —seamos sinceros— no van a responderte con palabras. Y sin embargo ahí seguimos, contándoles el día, regañándoles con cariño o haciéndoles preguntas que sabemos que no van a contestar.
Qué tipo de cosas les decimos
El equipo clasificó los audios en función de treinta variables de comportamiento: elogios, órdenes, preguntas, frustración, apodos cariñosos... Las categorías más frecuentes fueron hablarle directamente al animal (63,3% de los audios), tratarlo explícitamente como animal —y no como sustituto de persona— en el 55,3% de los casos, dar órdenes en el 24,7%, hacer preguntas en el 18,7% y, en el 18,2%, dirigirse a él como si fuera un sustituto humano, casi un confidente. Lo curioso es la variación entre personas: hay quien usa un apodo cariñoso en cada frase que le dedica a su perro y quien jamás lo llama por un nombre distinto al oficial.
Por qué se nos escapa esa vocecita aguda
Ese tono agudo y exagerado que usamos con perros y gatos —el famoso pet talk— es primo hermano del que empleamos con bebés, el baby talk. No es casualidad ni ternura mal entendida: la ciencia ya había demostrado en trabajos previos que esa entonación capta mejor la atención del animal que un tono de voz neutro. Si tu perro gira la cabeza en cuanto subes una octava, no es que te tome por tonto: literalmente le resulta más fácil procesar esa forma de hablar.
La pregunta que de verdad les interesa a los investigadores
Lo más interesante del estudio no es tanto el qué, sino el para qué. El objetivo final de AURAL-Pet no es catalogar frases graciosas, sino entender por qué convivir con un animal mejora el bienestar de algunas personas y, en cambio, para otras no supone ninguna diferencia. Los propios autores de la Universidad de Arizona plantean que la forma en que hablamos a nuestra mascota —con más o menos frustración, con más o menos ternura, tratándola como confidente o simplemente dándole órdenes— podría ser una pista para explicar esa diferencia. Es una hipótesis que todavía habrá que confirmar con más estudios, pero abre una vía nueva: quizá no importa solo tener un perro o un gato, sino cómo te relacionas con él en voz alta, minuto a minuto.
Lo que este estudio no demuestra (todavía)
Conviene ser prudentes con el alcance real de esta investigación. El trabajo describe y clasifica cómo hablamos a los animales, pero no establece todavía una relación causal entre un estilo de conversación concreto y una mejora medible del bienestar humano ni del animal. Tampoco analiza si el perro o el gato entiende el contenido de lo que le decimos más allá del tono. Los propios investigadores lo presentan como una herramienta de partida para futuros estudios, no como una conclusión cerrada. Así que, si le hablas a tu gato como si llevara la contabilidad de la casa, tranquilo: la ciencia aún no dice si eso es bueno, malo o simplemente muy tuyo.
Comparativas que te ayudan a elegir
Fuentes
- New U of A tool decodes pet talk and may help explain how pets affect our well-being — University of Arizona News, 2026
- Cross-species conversations: the development of the AURAL-Pet coding system to capture how people talk to pets in daily life — Frontiers in Psychiatry, 2026
Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué le hablamos a las mascotas como si fueran bebés?
Ese tono agudo y exagerado, el llamado 'pet talk', capta mejor la atención del animal que un tono de voz neutro, de forma parecida a como el 'baby talk' ayuda a los bebés a procesar el lenguaje. No es un signo de que trates a tu mascota como una persona, sino una forma de comunicación que funciona mejor con ella.
¿Es malo hablarle a mi perro o gato como si entendiera todo lo que digo?
No hay evidencia de que sea perjudicial. Perros y gatos no procesan el lenguaje humano igual que nosotros, pero sí reconocen el tono, el ritmo y ciertas palabras asociadas a rutinas. Hablarles con normalidad forma parte de una convivencia sana; si tienes dudas sobre el comportamiento de tu mascota, consulta siempre a un veterinario o etólogo.
¿Qué es el sistema AURAL-Pet del que habla el estudio?
Es una herramienta desarrollada por la Universidad de Arizona para clasificar, a partir de grabaciones de audio real, cómo las personas hablan a sus perros y gatos en el día a día: elogios, órdenes, preguntas, apodos o expresiones de frustración, entre otras categorías.
¿El estudio dice si es mejor tener perro o gato para el bienestar emocional?
No, el estudio no compara especies en términos de beneficio emocional. Se centra en documentar cómo hablamos a ambos animales y plantea, como hipótesis para futuras investigaciones, que el estilo de esa conversación podría influir en el bienestar de la persona.
¿Debería preocuparme si casi nunca le hablo a mi mascota?
No necesariamente. El estudio muestra que existe una enorme variación entre personas en cuánto y cómo hablan a sus animales, y no establece que hablarles más o menos determine la calidad del vínculo. Cada persona se relaciona con su mascota a su manera.