Perro con hambre: más falsas alertas al oler, según estudio
Un estudio de Waikato y Adelaida en Learning and Motivation halla que el hambre dispara las falsas alertas de los perros en tareas de detección de olor.

Si alguna vez has notado que tu perro se despista más oliendo cosas cuando tiene hambre, no es cosa de tu imaginación. Un estudio de los investigadores Tim Edwards (Universidad de Waikato, Nueva Zelanda) y Jade Fountain (Universidad de Adelaida, Australia), publicado en la revista Learning and Motivation, ha comprobado que el hambre no agudiza el olfato canino como muchos entrenadores dan por hecho: lo que hace es disparar las falsas alertas.
El experimento: 32 semanas, seis perros y una máquina de olores
El diseño es más ingenioso de lo que parece a simple vista. Durante 32 semanas, seis perros de compañía trabajaron con una máquina automatizada de aromas que les presentaba una mezcla objetivo compuesta por cuatro químicos, mezclada entre otros olores señuelo. El perro tenía que mantener el hocico en un puerto de muestreo o presionar un interruptor cuando detectaba el olor correcto, y si acertaba, un dispensador automático le entregaba comida como recompensa.
La clave del experimento estaba en el horario. Un día, los perros desayunaban a las 9 de la mañana y hacían la prueba con el estómago lleno. Otro día, se retrasaba la comida hasta las 11:50, así que llegaban al ejercicio con hambre acumulada. Mismo perro, mismo olor, misma máquina: solo cambiaba si habían comido o no.
Qué encontraron Edwards y Fountain
Lo primero que sorprende es que la tasa de acierto apenas se movió: los perros identificaron correctamente el olor objetivo en torno al 90% de las veces, tanto hambrientos como saciados. Hasta ahí, parecería que el hambre no cambia nada. Pero el matiz importante está en los errores, no en los aciertos.
Cuando tenían hambre, los perros marcaron muchas más falsas alertas: señalaron la presencia del olor objetivo en momentos en que no estaba. En las pruebas más difíciles, con 46 combinaciones de olores parecidos entre sí, solo uno de los seis perros logró mantener el máximo nivel de precisión. El resto se dejó llevar por la ansiedad de conseguir la recompensa y presionó el interruptor de más.
Por qué el hambre lía el olfato canino
Aquí no hablamos de que la nariz del perro deje de funcionar bien. El propio Tim Edwards lo resume así: "el hambre parece modificar la probabilidad de que un perro detecte la presencia de un olor específico". Dicho de otra forma, no es un problema de nariz, es un problema de criterio: un perro hambriento tiene más incentivo para decir "sí, ahí está" aunque no esté del todo seguro, porque esa señal le trae comida.
Es el mismo sesgo que conocemos en psicología de la decisión: cuando el coste de equivocarte por exceso de confianza es bajo y el premio por acertar es alto, uno tiende a lanzarse antes de estar seguro. Al perro con hambre le compensa arriesgar una alerta falsa con tal de no perderse una posible recompensa.
Qué significa para perros de detección profesionales
Esto no es un detalle menor si hablamos de perros que trabajan detectando drogas, explosivos, moho en edificios o incluso enfermedades. Una falsa alerta en un aeropuerto o en una operación de rescate no es un simple fallo de examen: puede significar horas perdidas, sospechas infundadas o, en el peor de los casos, pasar por alto el verdadero objetivo mientras el equipo revisa una pista que no llevaba a ninguna parte.
Los propios autores señalan que hace falta más investigación para saber cómo se traduce este hallazgo de laboratorio a entornos operativos reales, donde entran en juego el cansancio, el estrés y la variedad de olores del entorno. Pero el mensaje de fondo ya es útil: gestionar cuándo y cuánto come un perro de trabajo forma parte del entrenamiento, no es un detalle secundario.
Qué pueden aprender los dueños de perros de compañía
Si haces nose work con tu perro en casa, ya sea buscando premios escondidos o jugando a las alfombras olfativas, este estudio da una pista práctica: un perro con mucha hambre no rinde mejor en estos juegos, tiende a precipitarse. Si notas que tu perro se pone nervioso, marca en cualquier sitio o pierde la paciencia enseguida durante un ejercicio de olfato, prueba a hacerlo en un momento en que no lleve horas sin comer.
No hace falta llevar la cuenta al minuto ni obsesionarte con el reloj. Basta con tener en cuenta que un perro que lleva toda la mañana sin probar bocado no está en su mejor momento para un ejercicio que exige criterio y paciencia, aunque su nariz siga funcionando perfectamente.
Lo que el estudio no demuestra
Conviene ser honestos con los límites de esta investigación. Son solo seis perros de compañía, no perros de trabajo profesional, y el entorno era un laboratorio controlado con una máquina, no una situación real de búsqueda. Tampoco se ha determinado cuánto tiempo sin comer empieza a afectar al criterio, ni si la raza, la edad o el nivel de entrenamiento cambian el efecto.
Dicho esto, el hallazgo encaja con lo que muchos adiestradores profesionales ya intuían por experiencia: el hambre motiva, pero motivar de más también tiene un precio. Ante cualquier duda sobre la alimentación o el entrenamiento de tu perro, lo más sensato sigue siendo consultarlo con tu veterinario o con un adiestrador certificado.
Comparativas que te ayudan a elegir
Fuentes
- Un estudio reveló cómo el hambre puede alterar la detección de olores en perros y aumentar las falsas alertas — Infobae, 2026
- The breakfast effect revisited: dogs' odour detection performance before and after eating — Learning and Motivation, 2026
Sobre esta noticia: elaborada a partir de las fuentes citadas arriba. En Huella Feliz contrastamos cada dato con su publicación original y no inventamos cifras. Si detectas un error, escríbenos.
Preguntas frecuentes
¿Debo alimentar a mi perro antes de hacer nose work o un paseo olfativo?
Según este estudio, un perro con mucha hambre tiende a marcar más falsas alertas por precipitación, no porque huela peor. Si tu perro se pone nervioso o se frustra fácil en estos juegos, prueba a no dejarlo llegar con demasiada hambre acumulada.
¿Este hallazgo aplica a los perros de búsqueda y rescate o antidrogas?
El estudio se hizo con perros de compañía en laboratorio, pero los propios investigadores apuntan que el manejo de la comida podría ser relevante también para perros de trabajo. Hace falta más investigación en entornos operativos reales antes de sacar conclusiones definitivas para ese ámbito.
¿Por qué el hambre aumenta los errores en vez de agudizar el olfato?
No es un problema de nariz, sino de criterio. Un perro hambriento tiene más incentivo para señalar que ha detectado el olor, porque esa señal le trae la recompensa de comida, aunque no esté del todo seguro.
¿Cuánto tiempo antes de un ejercicio de olfato debería comer mi perro?
El estudio no fija un tiempo exacto de espera válido para todos los perros; solo comparó desayunar a las 9 frente a retrasar la comida casi tres horas. Lo prudente es evitar sesiones de olfato largas con tu perro en ayunas prolongado y observar cómo responde cada perro en particular.
¿Debo preocuparme por esto en el día a día con mi perro de compañía?
No es motivo de alarma. Es un dato útil si practicas juegos de olfato en casa, pero no afecta a la salud de tu perro ni implica que su nariz funcione peor por tener hambre en situaciones cotidianas.